Todos los días al salir al kinder y al regresar, Emilio se deleitaba observando su telaraña, le fascinaba verl como la reparaba después de una noche agitada.
Todos los días hacia la misma pregunta:
Mamá, y las arañas ¿qué comen?
Y le soltaba la explicación, de que devoraba cuanto insecto cayera en la casi invisible telaraña.
Se preocupaba bastante, que despues de una noche de lluvia, ya no fuera a encontrar a su araña, pues de unos días para acá, se la apropió y pasó a ser "su araña"
Tremenda sorpresa nos llevamos una tarde, casi noche, cuando al asomarnos a su nidito de hojas secas, lo encontramos vacío.
Él se preocupó, yo temí lo peor.
Lo confirmamos antier. A mi mamá le encanta relatar las hazañas y gracias de Emilio, sin pensar mucho en lo que decía, reveló la ubicación exacta de la araña de Emilio a una de mis tias, su hijo menor, de unos 11 años se encontraba presente.
Ni tardo ni perezoso, se dirigió al limón a buscar a la malvada araña. No me imagino los últimos minutos de mi patona amiga, no quiero imaginármelos. Su único delito en esta vida, fue quizás, no tener un aspecto agradable. O el que su especie, es una especie satanizada. No sé en que pensaba mi primo cuando la mató, tal vez que nos hacía un favor.
Ahora cada de que pasamos cerca del limón, Emilio me pregunta si su araña está ahora, en el cielo de las arañas, que si es feliz allá, me veo obligada a asentir, mientras veo los restos de su telaraña.
Como quisiera que todas las personas sintieran el respeto por la vida que trato de inculcarle a mi hijo, cuando le pido que no tire basura y que antes de pisar un insecto inocente, vea que de alguna u otra forma, es beneficiosa para nosotros su existencia. Y si no es beneficiosa, que entienda, que no debe quitar la vida, asi como asi.
No he confrontado a mi primo, aún siento algo de molestia por haberme arrebatado a esa pequeña amiguita que tanto le enseño a Emilio, que tanta curiosidad y ganas de aprender despertó en él.
Comparto la última imagen que le tomé en vida, y espero que realmente esté en el cielo de las arañas, degustando cuanto insecto se le antoje.
